Textos
No hay pasado sin memoria, no hay futuro sin esperanza, no hay presente sin vida. La comunidad afroargentina del tronco colonial está viva, honra a sus ancestros a través de la memoria y apuesta al futuro con la esperanza de inclusión y justicia en una Argentina multicultural y pluriétnica.
Lic. Norberto Pablo Cirio
Antropólogo
Candombe argentino: crónica de una resistencia anunciada
La segunda mitad del siglo XIX marca, en la Argentina, el inicio de un proyecto de país en el cual no estaban incluidos nuestros ancestros, los afroargentinos. Ese proyecto se basó en un ideario blanco cimentado a imagen de las potencias europeas y fue en ese contexto que la historia oficial construyó el olvido de los afroargentinos, desterrándonos al silencio.
Sin embargo, nuestros antepasados continuaron sus distintas organizaciones sociales (entre ellas, las naciones), gracias a las cuales conservamos las prácticas culturales que nos identifican como afrodescendientes argentinos de tronco colonial. Entre ellas está el candombe argentino (en su versión porteña), diferente y anterior a la versión montevideana.
Fue en ese marco social adverso cuando replegamos la práctica del candombe de la escena pública, cultivándolo sólo en el ámbito familiar y siendo los mayores los responsables de trasmitirlo a las generaciones mas jóvenes, con promesa de continuidad. Así, somos los jóvenes y mayores afroargentinos de tronco colonial quienes decidimos volver a prestigiar al candombe en el espacio público, que nunca debimos dejar. Por ello, honrando el legado de las antiguas naciones, nos organizamos para la conservación, transmisión y, ahora, visibilización de nuestra cultura.
Pese a los que con tanto conocimiento hablaron de nuestra muerte y desaparición como un hecho consumado, ahora vamos a hablar nosotros. Queremos anunciar que el candombe argentino vive en nosotros y con él nuestros ancestros; que late en nuestra piel sangrada de injusticia, en nuestros pies -los mismos que los han hecho marchar a las guerras de la infamia-, en nuestras miradas plenas de alegría y forzado destierro, en nuestros tambores y cuerpos, en nuestros espíritus… Vive para la eternidad.
Juan Pablo Suaqué
Afroargentino del tronco colonial. Una categoría autogestada*
Buenos Aires fue fundada por Juan de Garay en 1580 y desde entonces está también habitada por población negra traída por los españoles como esclavos. Si bien la Asamblea del Año XIII estableció el principio jurídico de la libertad de vientres para aquellos nacidos a partir de su instrumentación, la abolición de la esclavitud se declaró en 1853 a través de la Constitución Nacional. Sin embargo, en Buenos Aires recién entró en vigor en 1861, cuando suscribió a la reforma de la Constitución promulgada en Santa Fe por la Convención Provincial un año antes. A lo largo de nuestra historia, en no todos los censos se consideró relevante recoger información sobre la procedencia étnica de los habitantes. Sin embargo, a través de aquellos que sí la recabaron sabemos que el máximo porcentual de afroporteños fue de 30,1% en 1806, aunque en 1887 apenas representaban el 1,8% de la población total. Durante el sistema esclavista los negros eran usados en múltiples tareas, pero principalmente en el servicio doméstico, como símbolo de estatus social y económico. Según la memoria oral mantenida al presente por los descendientes de aquellos esclavizados, ese período no tuvo ningún cariz humanitario ni familiar por parte de los esclavócratas, como se sostiene desde el discurso historicista blanco. Al igual que ocurrió en el resto de las esclavitudes americanas, el proceso de deshumanización inherente a la condición de esclavo en Buenos Aires no fue la excepción.
Hasta fines del siglo XIX los negros vivieron principalmente en el sur de la ciudad en los actuales barrios de Monserrat, San Telmo y San Cristóbal. Las periódicas crisis económicas por las que atravesó el país operaron como una fuerza centrífuga, alejándolos del centro. Así, a comienzos del siglo XX muchos comenzaron a mudarse al barrio de Flores y promediando el siglo la mayoría fijó residencia en diversos partidos de la provincia de Buenos Aires lindantes con la ciudad por el oeste (Ituzaingó, La Matanza, Merlo, etc.) y el sur (Lanús, Valentín Alsina, Lomas de Zamora, etc.). Estadísticamente aún no se está en condiciones de ofrecer datos fidedignos de los actuales afroporteños pues el último censo que da cuenta de ellos es el de 1887. Sin embargo, una reciente iniciativa para obtener guarismos aproximados fue la Prueba Piloto de Afrodescendientes. Fue efectuada del 6 al 13 de abril de 2005 en los barrios de Montserrat (Buenos Aires) y Santa Rosa de Lima (Santa Fe) por la Universidad Nacional Tres de Febrero con el apoyo técnico del INDEC, el asesoramiento de organizaciones de africanos y afrodescendientes de argentina y la financiación del Banco Mundial. Ella dio como resultado final que el 3% de los encuestados se consideran afrodescendientes: 4,3% en Montserrat y 3,8% en Santa Rosa de Lima. A su vez, estos guarismos fueron refrendados por al menos dos estudios genéticos por el Centro de Genética de Filosofía y Letras y de Veterinaria de la UBA, dirigidos por el antropólogo Francisco Carnese. En base a los citados antecedentes, el INDEC realizará en el Censo Nacional 2010 una pregunta en torno a la cuestión, por lo que en breve se dispondrá de información cuantitativa de gran valor para el tema.
Incuestionablemente, desde 1580 hasta el presente las relaciones entre negros y blancos en Buenos Aires estuvieron condicionadas por la asimetría inherente a la dinámica amo-esclavizado, primero, y por las consecuencias de dicha desigualdad, después. Situada en el encuadre legal y mental de la época, puede afirmarse que el secuestro, esclavización y venta de negros africanos fue el medio por excelencia a través de la cual europeos y criollos se valieron para enriquecerse materialmente, por un lado, y para asignarse una marca de estatus, por el otro. Hasta bien entrado el siglo XIX cualquier familia porteña que se precie de patricia disponía entre sus propiedades de un discreto número de esclavos que se ocupaban, básicamente, de toda pedestre tarea hogareña, desde cebar mate y amamantar a los hijos del amo, hasta conducir su carruaje y hacer la limpieza de la casa. Evidentemente, el aristocrático aire de blancura que imaginaba el patriciado citadino era suficiente impedimento para que se dedicaran a cualquier menester que no sea el comercio de escritorio y el ocio, entre los varones, y el ocio y la religiosidad, entre las mujeres.
En este contexto hostil de relaciones interétnicas, al menos de parte de los esclavócratas no hubo demasiados intentos por conocer y comprender a los negros más allá de las reglas de la trata y "domesticación". No había motivo. Por ende, una interesante perspectiva analítica de tales relaciones encuentra su mejor baza en el vertical acto de nominación impuesto: negro, moreno, esclavo, mulato, pardo, mestizo, zambo, muleque, etc. Cada nombre tenía su connotación y contexto de uso preciso. Algunos designaban un estatus jurídico -esclavo-, otros a un color y/o la resultante de una mezcla con otros tipos humanos -negro, moreno, mulato, pardo, mestizo, zambo-, y otros una etapa del ciclo de la vida -muleque (niño). Todos eran dados -no sin arbitrariedad- a los africanos esclavizados y sus descendientes con el práctico fin de establecer un simulacro categorial que favoreciera su correcta administración y monitoreo.
Ahora bien, ¿cómo se llamaban los negros a sí mismos? Hasta mediados del siglo XIX resulta difícil saberlo pues la totalidad de la documentación conservada fue concebida y redactada por la clase dirigente, vale decir blanca. En 1858 los afroporteños publican sus dos primeros periódicos y sus títulos resultan reveladores: La Raza Africana y El Proletario, fundado el segundo por Lucas F ernández. Se ignora cuál se editó primero pues sólo se conserva -y parcialmente- el segundo, lo que impide dar un panorama equilibrado de esta prensa inaugural. Con todo, la autodenominación de proletario denota la conciencia de una ya establecida clase trabajadora negra libre en el emergente nuevo orden económico mundial, el capitalismo industrial. Cabe señalar que El Proletario fue tan relevante en la escena social porteña que algunos estudiosos de nuestro socialismo sitúan a Fernández como su pionero. Tras ambos emprendimientos, los afroporteños fueron expresándose cada vez más a través de una prensa propia hasta al menos 1882, circulando una veintena de títulos con una difusión, calidad escritural y mantenimiento en el tiempo variable. A nuestros fines, cabe señalar que en uno de los de mayor tirada y permanencia, La Broma, en una carta de un lector firmante con el inicialónimo O. E. y publicada el 17 de octubre de 1878, aparece una interesante autoreferencia: "las clases Africana-Americana". Quizá esta autodenominación haya sido uno de los antecedentes nativos que posibilitaron que, a mediados del siglo XX, comenzara a agregarse el prefijo afro- a los gentilicios nacionales y provinciales para designar a los descendientes de esclavos. Aquí el término afroargentino -y cualquier otro que hiciera referencia a una adscripción geográfica menor (como afroporteño)- fue desplazando exitosamente las denominaciones que aún continuaban empleándose: negro, de tinte peyorativo, y moreno, como su eufemismo.
Un concepto derivado de los gentilicios iniciados en afro-, más cercano en el tiempo, es afrodescendiente. Fue acuñado en la Conferencia Ciudadana contra el Racismo, la Xenofobia, la Intolerancia y la Discriminación realizada en Santiago de Chile (Chile, 2000), y adquirió rápido consenso en la América negra. En este evento participaron afroargentinos y constituyó la instancia preparatoria de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, que se realizó en 2001 en Durban (Sudáfrica). Entre los académicos el término afrodescendiente -y sus derivados- fue comúnmente aceptado para denominar a los descendientes de los negros esclavizados en América y, por extensión simplificante, a todo negro inmigrante en América y sus descendientes, reservando el término negro para conceptualizarlo en el campo de los estudios históricos, sobre todo los del siglo XIX y anteriores. Si bien los afroargentinos emplean el término afrodescendiente, resulta más común la apócope afro.
A comienzos del siglo XX comienzan a inmigrar al país negros portugueses de Cabo Verde, más tarde afrodescendientes de otros países americanos -especialmente de Uruguay- y, recientemente, africanos de países como Senegal, Nigeria, Ghana y ambos Congo. Ello reconfiguró sensiblemente nuestro mapa sociocultural tanto en relación a la visibilidad de los negros por parte de la sociedad mayor, como en sus criterios organizativos y luchas reivindicadoras, consecuencia del nuevo y abultado colectivo afro. Así, desde fines de los '90 vienen realizándose fértiles eventos sociales y culturales -algunos incluso autogestionados- bajo el común denominador afro (como el gran tronco de origen, la diáspora africana) e, incluso, afroargentino. Sus objetivos básicos son dos y mutuamente complementarios: aglutinar a la población afrodescendiente en una causa común y lograr mayor visibilidad a fin de reposicionar a la cultura negra en el marco identitario argentino. En la esfera del estado, el INADI creó en 2006 el Foro de afrodescendientes, el cual tiene como objetivo -al menos formalmente- atender lo concerniente a la discriminación. Sin entrar en este particular, lamentablemente ese ente no ha sabido cumplir con sus funciones y, de hecho, ya no es tomado como representativo ni siquiera por buena parte de los afrodescendientes.
Entre los negros africanos esclavizados en lo que hoy es la Argentina existen varias categorías nativas de carácter global o faccional. Mientras que, por un lado, se autodenominan de la clase y de la raza (para diferenciarse de los blancos, a los que llaman chongos), dentro de su comunidad, y de acuerdo a juicios de valor respecto a sus niveles social, cultural y económico (no necesariamente evaluándolos en conjunto), se diferencian en dos estamentos: negro usted y negro che. Los negro usted son minoría y gozan de una posición de bienestar lograda a costa de haberse desentendido de su africanía, al tiempo que comenzaron a cultivarse y desempeñarse en los mismos ámbitos laborales e intelectuales en los que se promocionan los blancos. Los negro che son mayoría y pertenecen a los niveles sociales medio-bajo y bajo. Pocos han superado los niveles elementales de escolaridad, por lo que poseen escasa o nula instrucción, cuestión que los lleva a trabajar dentro del sector privado como obreros de baja especialización y, por ende, mal remunerados. Culturalmente, son los negro che quienes han sabido mantener la memoria de sus mayores a través de la práctica comunitaria de su música tradicional ya que, para ellos, su vivencia performática constituye un sentido articulador comunicacional con el supramundo de los ancestrales y, por ende, con la lejana África originaria.
Buena parte de estos afroargentinos descendientes de negros esclavizados, sea por no sentirse plenamente representados en los eventos señalados, sea por la atestiguada ineficacia del INADI, han comenzado a nuclearse diferencialmente, culminando en 2007 en la creación de la Asociación Misibamba. Comunidad Afroargentina de Buenos Aires, con sede en Merlo (Buenos Aires). Esta entidad es la segunda en su tipo de creación reciente (la primera fue África Vive, creada en 1997 y disuelta por la Justicia en 2005 por irregularidades financieras). Por tanto, Misibamba es hoy la única asociación representativa y legalmente constituida de este tipo de afrodescendientes, con unos doscientos cincuenta socios. Su Presidente, Juan Suaqué, y el suscripto, integrante desde su creación por expreso pedido, vienen realizando diversos tipos talleres participativos de carácter interno para trabajar temas medulares como la historia e identidad negra del país. En el curso de dichos talleres se gestó una nueva autodenominación: afroargentino del tronco colonial.
Más allá de la validez incuestionable que posee al resultar de un proceso etnogénico, esta acción se fundamenta en una serie de objeciones a las otras denominaciones. Para ellos, la terminología que los evocaba resultaba obsoleta por ser víctima de una carga semántica peyorativa, fruto de un discurso histórico separatista (negro, moreno, etc.), por encontrarse en desuso o hacer referencia a una condición estamental, legal y simbólica perimida (mulato, esclavo, mestizo, etc.), o por la vaguedad de un término que pretendía abarcar con una inexactitud histórica y cultural a todo el proceso de la diáspora africana en América (afrodescendiente, afro). Centrándose en el prefijo afro en cuanto denotación inequívoca de origen, le se le agregó argentino como expresión de adscripción geopolítica -no sin una sentida carga afectiva- y en la consideración de que tal denominación podrá contrarrestar cualquier nuevo intento de extranjerización, generando obligación hablar de afroargentinos. Del tronco colonial, por su parte, testimonia la filiación sociohistórica de sus ancestros. Así, estimando que el uso correcto de las proposiciones marca la diferencia, enfatizan no ser negros en la Argentina sino de la Argentina. Como consecuencia de esta diferenciación, usualmente rehúsan participar en eventos -en su mayoría bienintencionados- sobre la cultura negra en la Argentina, como si se tratara de una cultura visitante (como la de los inmigrantes afrouguruayos) o básicamente al paso (como la de los inmigrantes africanos actuales). Lejos de buscar fragmentar una supuesta unidad -los afros-, que no existió ni siquiera en África, la comunidad argentina descendiente de africanos esclavizados se diferencia así del resto del colectivo afro local por su historia, cultura, trayectoria y metas, en la confianza de que si no se trabaja primero un proyecto local, mal se podrá abogar por reivindicaciones globales, como son la erradicación de la discriminación y el racismo, que atañen, sí, al colectivo afro.
Este texto está centrado en los afroargentinos del tronco colonial de Buenos Aires. Habida cuenta de la contemporaneidad de otros enclaves poblacionales de este tipo en el interior del país, como en Corrientes, Resistencia y Santa Fe (donde funciona desde 1988 la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana), se viene consensuando con ellos la pertinencia de hacer extensiva a esas comunidades esta nueva denominación. Cabe señalar que tal proceso etnogénico es homólogo y contemporáneo al de otros países de América, caracterizados por matices históricos propios. En Panamá, por ejemplo, el genérico colectivo afro recientemente se dividió en dos categorías específicas: negro colonial (que equivale a nuestro cuño afroargentino del tronco colonial) y negro antillano (que da cuenta de los afroantillanos inmigrados a inicios del siglo XX para trabajar en el Canal de Panamá).
En el marco de los festejos por el Bicentenario del Primer Gobierno Patrio, y ante la oportunidad histórica de volver a ser visibilizados en el Censo Nacional 2010, afroargentino del tronco colonial se erige como una nueva categoría definida, elaborada y consensuada por, valga la redundancia, los propios afroargentinos del tronco colonial, los primeros que deben ser escuchados en razones cuando se habla sobre ellos.
* Documento de trabajo entregado en mano a las autoridades del Indec a efectos de que tomen conocimiento sobre la cuestión, en una reunión mantenida en mayo de 2010.
Norberto Pablo Cirio
Afroargentino del tronco colonial: una categoría autogestada que ya ganó consenso
En la edición en español del libro El discurso afroargentino : Otra dimensión de la diáspora negra, de Marvin A. Lewis (Universidad Nacional de Córdoba, 2010), el autor escribió un breve texto original de apertura, "Génesis de un libro". Allí sitúa su pensamiento sobre la cuestión a la luz de los cambios acaecidos en el ambiente académico y entre los afrodescendientes, habida cuenta de que su edición original fue en 1996. Su primer párrafo termina con una oración aleccionadora de cómo incorporó una de las más recientes reconfiguraciones denominativas locales, afroargentino del tronco colonial (o afroargentino colonial), surgida hace pocos años en el seno de la Asociación Misibamba. Comunidad Afroargentina de Buenos Aires (1): "El enfoque de mi estudio es la expresión de los 'Coloniales' que son, en su mayoría, descendientes de esclavos africanos. O sea, los que sufrieron la sentencia de la Historia como Negros en la Argentina y no los inmigrantes más recientes de Cabo Verde y otros lugares en África".
Por su parte, el INADI realizó en 2010 un video sobre los afrodescendientes en el que hablan algunos de ellos (http://www.youtube.com/webinadi#p/u/1/Wm85vbkxqLM). Resulta sintomático que, aunque no pertenecen a Misibamba, incorporaron dicha categoría, evidentemente porque la sienten inclusiva. Sólo hay una voz en off y comienza diciendo: "Nosotros somos afrodescendientes coloniales. Nuestros ancestros llegaron a todos los continentes a través de la esclavitud".
Ambos ejemplos -entre otros- nos enseñan que, si bien aquí durante largo tiempo el acto nominativo para con los esclavizados y sus descendientes siempre se produjo siempre en una relación asimétrica de poder blanco-negro en la que la falta de escucha era la moneda corriente. Sin embargo, desde la creación del término afrodescendiente en la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia (Durban, 2001) -en la cual, cabe recordar, participaron afroargentinos-, la voz autorizada es siempre la de los protagonistas. No es una cuestión de gustos, de comodidad o de conveniencia, es una cuestión de respeto a que cada grupo decida cómo quiere ser llamado y, por ende, de saber escucharlos. Parafraseando a Lewis, los afroargentinos del tronco colonial ahora son los protagonistas de SU historia.
La música afroargentina en la actualidad
Afroargentino del tronco colonial
La música afroargentina y la iconografía
El negro en el tango
